La pareja de la Nueva Era

Por: Gisela Hengl

Extracto de Pathwork 

El primer paso para crear una relación satisfactoria de la nueva era es dejar de buscar a alguien que satisfaga nuestras necesidades. La clave está en encontrar dentro lo que buscamos fuera. De otra forma, seguirá sucediendo lo que a menudo experimentamos como desilusión, resentimiento y frustración.

Las relaciones auténticamente exitosas son aquellas donde cada uno comienza a descubrirse desde su ser interno. La mujer y el hombre de la nueva era se cuestionan y quieren conocerse a si mismos. 

Si creemos que no somos dignos de ser amados y constantemente nos criticamos a nosotros mismos, seguiremos atrayendo a personas y crearemos situaciones que refuercen esa creencia. A la inversa, al aprender a amarnos, conocernos y valorarnos, automáticamente recibiremos ese amor por parte de los demás.

El secreto está en darse cuenta del poder que poseemos para cambiar la forma de mirar nuestra vida. Al cambiar la forma de mirar nuestra vida, las experiencias de nuestra vida cambian.

La mujer y el hombre de la nueva era quieren conocerse y quieren aprender a amar.

Ellos tienen fronteras claras y no se involucran sexualmente y/o emocionalmente con gente que no conocen. No temen a la soledad y saben cómo salir de relaciones dolorosas y destructivas. No esconden sus dependencias, las miran de frente y no confunden el amor con la necesidad de ser rescatados o rescatar a otros.

Además, lejos de sentirse vacíos o incompletos cuando están solos, enfrentan sus temores a ser vulnerables. Tampoco usan el sexo para manipular a sus parejas; se responsabilizan y están emocionalmente disponibles. Evitan asignar cualidades mágicas a otros, los ven como son y no culpan a nadie por no cumplir sus expectativas.

La pareja de la nueva era vive en la realidad y observa las tendencias e impulsos de su yo inferior (la parte que se justifica, explica, demanda y reclama al otro algo fuera de sí mismo). Trabajan sus miedos, los cuestionan y no “sexualizan” su estrés, la ira, la pena ni la envidia. Son hombres y mujeres que se comprometen a madurar y a mirarse tal como son, sin tener el impulso de justificarse o explicarse.

Asimismo, permiten la incomodidad, la observan y trabajan sus adicciones; que los mantienen atrapados en lo que no son.

El hombre y la mujer de la nueva era se entregan, están dispuestos a cuestionarse, a “no saber” y a recibir información más allá de su mente condicionada. Ellos dan a su pareja lo que no han podido recibir de niños, primero reconociéndolo en lo más profundo de su interior.